Creo que el desarrollo de un niño pequeño se apoya en su vida cotidiana, en los lugares donde vive y con las personas que lo crían todos los días.
Defiendo una colaboración cálida, empática, sistemática y efectiva, donde la familia es socia y no espectadora.
Trabajo para que ninguna familia tenga que pasar por la sala de espera sin entender qué está ocurriendo con su hijo, y para que ningún niño reciba terapia de alguien que no conoce su hogar.